A no ser que se tenga una determinación aplastante como la que dicen que llevó a Napoleón a autoimponerse la corona de emperador, en un acto de coronación alguien recibe de manos de otro un reconocimiento en forma de adorno de lujo en la cabeza. Este talante expectante frente al reconocimiento de los méritos propios por parte de los otros es lo que las coaches norteamericanas sobre liderazgo femenino Carol Frohlinger y Deborah Kolb han acuñado como síndrome de la tiara.

¿Premio a la más callada y eficaz?

Esta expresión hace referencia a la ingenua confianza por parte de muchos empleados, y sobre todo empleadas, de que alguien relevante en la empresa le colocará una tiara sobre la cabeza tras reconocer el trabajo bien hecho que lleva desarrollando durante años de forma disciplinada y eficaz, sin necesidad de autopromocionar sus capacidades y talento. Es un fenómeno que se produce de forma bastante común en las mujeres cuando notan que el techo de cristal les roza el pelo.

Educadas en la complacencia a los demás y evitar el conflicto que puede suponer una sana competencia, hay una renuncia al autobombo por el temor a ser vistas como unas trepas, arpías o “damas de hierro” carentes de empatía, lo que las hace adoptar esta actitud poco proactiva frente a sus méritos.

Los palos en las ruedas del camino al éxito

Además del lastre que supone el sexismo para el desarrollo profesional de las mujeres  en el mundo laboral, hay quienes piensan que esta actitud que lleva a trabajárselo sin destacar se arrastra desde los años de estudio. El sistema de reconocimiento en el mundo académico, ámbito en el que las mujeres destacan, no se produce mediante una gran puesta en escena como sí parece garantía de éxito en el mundo laboral. Tienen que ver más con un trabajo de estudio calmado y paciente que consigue las metas poco a poco.

El éxito laboral conlleva otro tipo de factores como la visibilización de los logros, saber venderse, alternar con jefes y clientes, y en definitiva sociabilizar el éxito, campo en el que las mujeres se ven muchas veces en inferioridad de condiciones, limitadas por una mayor responsabilidad sobre las cargas familiares y también porque en parte esta socialización que conllevan oportunidades laborales se producen en contextos donde reina una cultura masculina tradicional en la que no se sienten cómodas.

La meritocracia en el  mundo académico es muy distinta al mundo laboral. Lo explicaba con un claro ejemplo Sheryl Sandberg, directora operativa de Facebook dirigiéndose a los alumnos de Harvard Business School en 2011. “Un tercio de las mujeres de esta audiencia trabajará a tiempo completo. Y casi todas lo harán para un compañero de los que tienen al lado”.

“Esperar no es una estrategia” para la mujer más poderosa de Facebook

Vencer esta actitud ingenua de esperar a que otros reconozcan los propios logros es algo que pasa por empezar a:

  • Hacer patentes los logros sin temor a pensar que se está siendo una trepa.
  • Reconocerlos en los demás, de forma que se contribuya a que reine un clima de reconocimiento generalizado.
  • Evitar entrar en el juego de poner en duda la valía de una mujer en un puesto de responsabilidad.
  • Pedir un aumento de sueldo si se piensa que se merece. No esperar a que lo ofrezcan. Puede que nunca se llegue.
  • Presentarse sin temor a las oportunidades de promoción aunque no se cumplan los requisitos al 100%, los hombres suelen hacerlo.

“Esperar no es una estrategia” como bien afirma la mujer con más poder en Facebook. Así que no se puede dejar solo en manos de los demás el reconocimiento de la propia valía y hay que apostar por empoderarse y ser la que más brillo saque a las cualidades para mejorar profesionalmente.

La entrada Qué es el Síndrome de la tiara y cómo combatirlo aparece primero en Blog Infoempleo.

Ver noticia completa

Comparte con tus amigos esta información en: