¿Cuándo decidiste que te dedicarías a escribir profesionalmente?

Una noche, cenando con mi hermana María me contó que en un proceso de selección le habían preguntado: -¿Si te dieran carta blanca, qué trabajo elegirías?

-¿Qué has respondido?- le pregunté.

-Lo tengo clarísimo, directora de marketing del Real Madrid- dijo. (Ahora ella es CEO de Womenalia).

Yo me quedé pensativa. Me di cuenta de que aunque llevaba más de quince años trabajando en puestos de dirección en tres empresas distintas, jamás me había hecho esa pregunta. Con la carrera, el master y varios idiomas, lo natural era que me dedicase a ganar dinero, y es exactamente lo que hacía, pero esa pequeña pregunta me había descolocado.

Al final respondí:

– Lo curioso es que el trabajo de mis sueños no es un trabajo… o sí, pero no lo que solemos llamar un trabajo. En realidad, no me veo trabajando, me veo escribiendo.

Durante unas semanas, ni me acordé de aquella cena, pero dos meses después, me llegó a casa una publicidad de un Taller de Escritura Creativa, y me dije a mí misma: “Esto es una señal”. Porque lo bueno de las señales es que las elige uno mismo…

Me apunté al Taller y, desde entonces, no he dejado de escribir ni un día; en cambio sí he dejado de trabajar en el sentido usual de la palabra, he dejado esa casa tan grande que me obligaba a trabajar por cuenta ajena y hago lo que de verdad disfruto y me apasiona.

Y aprovecho este espacio para preguntarle al lector:

En tu caso, si te dieran carta blanca ¿qué trabajo elegirías? Piénsalo bien, porque como dijo Jabobsen “…una vida despojada del vicio alegre de los sueños, no es una vida digna de vivir. Al fin y al cabo, la vida tan sólo tiene el valor que le confieren los sueños”.

¿Cómo fueron tus primeras experiencias?

El camino no ha sido de rosas, a veces se me hacía un poco cuesta arriba, porque el trabajo literario es lento y los resultados no son inmediatos y ha habido momentos duros. Cada enero cuando analizaba los gastos previstos frente a los ingresos previstos, me entraba un vértigo que me paralizaba, pero año tras año he ido consolidando mi nueva profesión y he ido dejando atrás los miedos.

Ahora soy consciente de que cuando nos encontramos un muro en medio del camino, no está ahí para impedirnos el paso, sino para mostrarnos cuánto deseamos pasar al otro lado.

¿Cómo ha sido lanzar tu última novela y cuál ha sido la clave para su publicación?

La tecnología ha revolucionado (y en algunos casos pulverizado) muchos sectores, y ante los nuevos retos, se requieren nuevas fórmulas que permitan a los consumidores (de productos o de contenidos) tener un acceso fácil y económico a los mismos, y a los creadores disponer de un modelo que les permita seguir con su actividad. En ese entorno, y como me gusta probar técnicas y fórmulas de negocio nuevas, he buscado un modelo híbrido para la re-edición de: El código del garbanzo.

Como tengo varias obras publicadas en editoriales tradicionales (Urano y Anaya), y tres libros autoeditados con los que he obtenido muy buenos resultados comerciales, conozco ambos mundos y me he decantado por probar un nuevo: me he asociado con Bubok, la principal editorial independiente y plataforma de autoedición, y La Factoría de Ideas, editorial tradicional con varios bestsellers mundiales.

De esa forma cuento con los servicios editoriales y las ventajas de la autoedición que proporciona Bubok, como tener el control absoluto sobre la obra, desde el contenido hasta el diseño de la cubierta, un mayor beneficio y la opción de vender en cualquier parte del mundo a través de su plataforma online y de otras en las que gestiona la venta (Amazon, Casa del libro, Libranda, el Corte Inglés, Apple, Google eBook…). Y además, gracias a la coedición con una editorial como La Factoría de Ideas, se potencia la distribución a través de los canales tradicionales llegando así a las principales librerías y centros comerciales de España y de otros mercados internacionales, y la promoción en eventos del sector.

¿Qué le recomendarías a alguien que siente pasión por la escritura?

Lo resumiría en tres puntos:

Formarse: El hecho de haber aprendido a escribir en el colegio y utilizar la escritura como vehículo de comunicación nos hace tener la falsa impresión de que cualquiera puede escribir un libro pero, como en todo, disponer de conocimientos específicos y de las herramientas adecuadas facilita el proceso y da como resultado textos de mucha mayor calidad.

En mi caso me he formado durante más de cinco años con excelentes escritores como Espido Freire, Alfonso Fernández Burgos, Alejandro Gándara, Juan Manuel de Prada…

Escribir: La mejor forma de aprender a escribir es escribiendo. Parece de Perogrullo pero no es fácil sentarse un día tras otro a escribir, semana tras semana, mes tras mes, año tras año, hasta que una obra está terminada o hasta que uno tiene la suficiente soltura como para hacerlo de forma natural.

Pulir: Tan importante como escribir es saber limpiar y pulir un texto. Muchas veces es más importante lo que quitas que lo que escribes. A mí me costó más de dos años de trabajo semanal con Alfonso Fernández Burgos el darme cuenta de dónde y por qué fallaba un texto.

También di clases en el taller de escritura ‘Yo quiero escribir’ y el revisar textos de otras personas me ayudó a consolidar ese aprendizaje.

La escritura del primer borrador es una, mientras que la tarea de pulir ocupa mucho más. En algunos casos he llegado a dar más de 20 vueltas a un capítulo de un libro o a un artículo.

Por eso, un último consejo antes de terminar: si algo de verdad te gusta, mantén tu atención en ello. Dedícale tiempo y mucho mimo.

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