El compostaje doméstico es una forma acelerada de transformar los restos orgánicos. Este proceso biológico debe llevarse a cabo en un espacio suficientemente húmedo y donde el aire pueda actuar como elemento fermentador, para que bacterias, hongos y demás puedan actuar.

Debemos contar con recipientes compostadores, con posibilidad de cerrarlos, y colocarlos en zonas cálidas. Primero llenaremos el envase con una primera capa de restos orgánicos, mejor si son secos y más resistentes, para ir acumulando capas. Es conveniente también utilizar estiércol que actúe como una levadura. Seguidamente, removeremos bien todas las capas hasta que se mezclen y regaremos la mezcla a menudo durante los 5 o 6 meses que dura el proceso de maduración. Finalmente, podremos aplicar nuestro abono (que habrá tomado un color oscuro y una textura más espesa) en la tierra de plantas y huertos, o donde lo necesitemos.

Se trata de aprovechar la basura orgánica que se genera diariamente en las casas como una forma más de reciclaje, devolviéndola a la tierra como ayuda para nuestras plantas, mejorando su salud. Podemos compostar restos de alimentos, plantas y vegetales, hojas y arbustos, papel, lana, aceites o cáscaras de frutos, entre muchos otros restos de elementos orgánicos.

Piensa que de cada 100kg de basura orgánica, alrededor de un tercio puede convertirse en compostaje, del mismo modo que se consigue ahorrar en productos químicos y en recogida de desechos. A la vez, podemos contaminar menos, gracias a que el compostaje orgánico emite cinco veces menos gases nocivos para la capa de ozono que el industrial.

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