Un poco antes del comienzo de curso y poco después de la depresión vacacional llegan los exámenes de septiembre. Llevarse las manos a la cabeza no es una opción. Lo que toca es ponerse manos a la obra, porque el tiempo disponible hay que estirarlo al máximo. Estos son nuestros consejos para salir airosos del trance y conseguir, al menos, aprobar.

1. Sincerarse. Si la cantidad de materia supera con mucho el tiempo que tienes disponible empieza cuanto antes a descartar. Hazlo por relevancia de la materia o teniendo en cuenta el tiempo que se le ha dedicado en clase. Es jugártela, pero es mejor ir preparado con algo seguro que querer abarcarlo todo y que la presión por la cantidad inabarcable de materia pueda contigo.

2. Motivarse (y mortificarse). Implicarse en la tarea aleja el aburrimiento. Estimular la motivación es fácil si se hace un ejercicio de relacionar lo que se va aprendiendo con lo que ya sabemos: tipo “esto se parece a” o “lo podríamos aplicar a esto otro”, qué mejoras introducirías, etc. Además es la forma en la que aprendemos, sobre la base de lo que ya conocemos. Ponte cinco minutos antes a pensar en ello como si fueras a salir a la cancha a ganar. Implícate de verdad en la tarea añadiéndole cosas tuyas, algún chiste incluso para hacer tu propio discurso. Pero a la vez que te motivas, también viene bien un poco de mortificación. Haz el ejercicio de imaginar cómo te sentirás mañana si hoy no lo das todo… ¿y si lo das? Pues seguro que te sentirás mejor.

3. Estructurar el contenido estableciendo prioridades. Aborda lo que tenga más importancia, y vaya a llevarte más tiempo y esfuerzo, en las horas donde tu biorritmo favorezca la concentración. Ayúdate del índice de algún texto compilatorio de la materia y, sin que sirva de precedente mientras estás estudiando, utiliza el grupo de Whatsapp de la clase para hacer una miniencuesta sobre los cinco temas más importantes de la asignatura. Consigue los exámenes de otros años y hazlos. Será un ensayo y te ayudará a verificar dónde tienes lagunas y reforzar. De esta forma podrás comprobar a qué temas se les está dando relevancia por parte del equipo docente de la asignatura.

4. Organizar, esquematizar y distribuir. Hazte un plan de trabajo y ponlo en un lugar visible. Divide lo que vas a estudiar por horas y días. Y cumple el horario que te pongas sin concesiones. Para ello ten en cuenta qué circunstancias ineludibles (de verdad) se pueden dar durante las horas que vas a  estudiar y asígnales unos minutos. De esta forma tendrás un mejor control del tiempo. Por cada objetivo conseguido es importante que traces una gran raya roja, tachándolo. La satisfacción de ver el planificador cada vez más tachado en rojo no tiene precio. Ir logrando metas es la base para afrontar las siguientes: motiva y te hace avanzar.

5. Hacer evaluación de lo aprendido. Después del atracón hay que saber en qué punto se está en el proceso de adquisición de nuevos conocimientos. Valorar qué se ha aprendido y dónde se necesita consolidar. Para ello haz mapas mentales y esquemas que te ayuden a recuperar lo estudiado. Apoyar los conceptos con dibujos de tu cosecha como los que se utilizan al construir mapas mentales fijará de forma indeleble los conocimientos recién adquiridos. Utiliza el método SQ3R (Survey, Question, Read, Recite, Review) y evalúa diariamente lo que has estudiado.

6. Respirar y compartir. Para que los resultados sean buenos hay que procurar crear un ambiente propicio y agradable y encontrar apoyos. Busca a alguien que esté en tu misma situación para estudiar juntos en algunos momentos. Pondréis en claro las cuestiones más difíciles y tendréis una idea más global sobre la asignatura y los puntos importantes. Explica los temas a otra persona. Lo que se enseña queda más arraigado en la memoria. Hacer un poco de deporte despeja la mente y mejora el riego sanguíneo favoreciendo el estudio. Date una carrera corta o un paseo.

La música ayuda a crear un buen ambiente de estudio porque favorece la concentración. Al cerebro le cuesta adaptarse a una nueva tarea, así que los primeros 40 minutos es importante que te quedes clavado en la silla. Después descansa otros cinco y vuelve a ponerte otros cuarenta. Los primeros minutos tras las pausas son críticos porque hay que restablecer de nuevo la atención, tenlo en cuenta para llevar una buena gestión de la concentración.

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