Forzado y con nocturnidad; así ha sido el cese a José Ignacio Wert al frente del Ministerio de Educación, Cultura y Deporte. Tras el batacazo electoral del PP en las elecciones municipales, donde el grupo ha perdido algunas de sus alcaldías más emblemáticas como Madrid, Valencia o Cádiz; Mariano Rajoy prometió cambios mínimos en su Gobierno; una anuncio que se ha cobrado uno de los nombres más importantes Ejecutivo: José Ignacio Wert, ministro de Educación, Cultura y Deporte.

El “ajuste” al que en fuentes del palacio de la Moncloa reducían los cambios en el Ejecutivo empezaron por un lavado de cara del partido con el nombramiento de cuatro nuevos vicesecretarios y designando a su jefe de Gabinete, Jorge Moragas, jefe de la campaña electoral. Pero esta pasada noche uno de los miembros del Ejecutivo de Mariano Rajoy ha sido cesado de su cargo. Al frente del Ministerio de Educación deja de estar José Ignacio Wert y pasa a manos del hasta ahora secretario de Estado para la Unión Europea, Íñigo Méndez de Vigo.

A las diez de la noche y a mediante un comunicado de la Secretaría de Estado de Comunicación, el presidente Mariano Rajoy ponía fin a un mes de incógnitas y anunciaba el cese de Wert en su Ejecutivo. Ni gran remodelación del Gobierno, ni crisis interna. En el documento, escuetamenteRajoy ha agradecido al ex Ministro “la tarea realizada al frente del departamento y, singularmente, su determinación en la elaboración de la ley orgánica para la Mejora de la Calidad Educativa (LOMCE)”.

Un agradecimiento que no ha sido compartido por los estudiantes, la comunidad educativa, los artistas, los deportistas o la oposición política, particularmente los nacionalistas; quienes han sufrido políticas contraproducentes en sus respectivos campos desde que José Ingacio Wert tomara posesión del cargo de ministro de Educación, Cultura y Deporte en diciembre de 2011. Unas políticas y, sobre todo, una forma de hacer política, que lo han convertido en el Ministro peor valorado del Gobierno. Un ministro saliente que deja como herencia recibida a su sucesor, Méndez de Vigo, algunas de las reformas con mayores movimientos de rechazo por parte de los ciudadanos.

Su apellido ha encabezado algunos de los titulares más sonados de la presente Legislatura y ha sido el más repetido en las protestas ciudadanas bajo eslóganes como “Wert, dimisión”. Si bien no ha sido en la forma deseada por muchos, ni tampoco bajo la esperanzadora promesa lanzada en julio de 2013 de abandonar la política una vez la LOMCE fuera aprobada, lo cierto es que José Ignacio Wert ha sido forzado a abandonar (por cese del presidente) sus funciones al cargo de Educación.

La LOMCE, una ley sentenciada a desaparecer

Desde el primer borrador de la Ley Orgánica para la Mejora de la Calidad Educativa (LOMCE) en septiembre de 2012 hasta su aprobación definitiva el 28 de noviembre de 2013, las manifestaciones y protestas contra la reforma educativa impulsada por el ex ministro Wert se sucedieron a cada paso de su creación, especialmente por el apartado económico de la misma. El rechazo de los agentes educativos hacia la nueva ley educativa del PP propició la creación de la Plataforma Estatal por la Escuela Pública, que ha luchado activamente contra esta reforma.
Para defender la idoneidad de la reforma educativa, Wert se enfrentó a la mayoría de grupos parlamentarios de la oposición, asociaciones de padres, sindicatos, docentes y organizaciones estudiantiles consiguiendo hacer avanzar el proyecto a golpe de mayoría absoluta. En cambio, el rechazo a la reforma llegó hasta el Tribunal Constitucional en forma de recursos presentados por varias comunidades autónomas –Andalucía, Asturias, Canarias, Cataluña y País Vasco– en marzo de 2014, y del Grupo Socialista en el Congreso en abril del mismo año.
Con todo esto, la oposición firmó un pacto que ha aunado todas las fuerzas políticas con el bajo la promesa de que se derogará la LOMCE una vez el Partido Popular abandone el Gobierno. Una sentencia de muerte para la reforma educativa, bandera del programa político de Wert al frente del Ministerio de Educación, que todavía no ha sido implantada del todo.

La reforma universitaria de la desigualdad

La reforma del sistema universitario anunciada por el Gobierno al principio de la Legislatura ha sido otro de los frentes que ha librado el ministro saliente José Ignacio Wert. Finalmente, las ambiciones del Ministerio de Educación se han limitado a tres decretos: la introducción de grados de tres años y másteres de dos (decreto 3+2); la flexibilización de los requisitos para la creación de nuevas universidades y la dotación de más peso a la experiencia profesional para la acreditación del profesorado universitario.

Sin embargo, estos no han sido los cambios con mayor polémica, las principales críticas a su gestión en el ámbito universitario han venido por la racionalización del gasto educativo, que se ha traducido en recortes y supresión de partidas de becas como las SENECA. Asimismo, la subida de las tasas de matrícula junto con mayores exigencias académicas para acceder a las becas más básicas le han valido las protestas constantes de los estudiantes y hasta el plante de los rectores universitarios.

Y, a pesar de las afirmaciones de “soy como un toro bravo; me crezco con el castigo” o “sólo tiro la toalla al salir de la ducha”; en dos ocasiones Wert ha tenido que dar marcha atrás en sus medidas de ámbito universitario. La primera, rebajando la exigencia académica para acceder por primera vez a las becas universitarias (de una nota de 6,5 puntos a una media de 5,5 puntos) y en mantener la cuantía para las becas Erasmus.

De polémica en polémica contra el catalán

Una de las frases más rocambolescas pronunciadas por el ministro fue la ya célebre “nuestro interés es españolizar a los niños catalanes”. Una afirmación que le granjeó el rechazo de los partidos nacionalistas catalanes, quienes acusaron al ministro Wert de querer destruir el sistema de inmersión lingüística de Cataluña.

No es para menos. Desde su llegada al Gobierno el ex ministro José Ignacio Wert ha mantenido un tira y nunca afloja con la enseñanza en catalán. Desde el Ministerio de Educación se ha luchado por el reconocimiento del uso del castellano como lengua vehicular dentro del sistema de enseñanza de esta comunidad, llevando la escolarización en castellano hasta los tribunales y proponiendo como solución la escolarización segregada en castellano (una oferta que no existía ni en centros públicos ni en la escuela privada).

La última controversia del ministro saliente relacionada con el catalán se escuchó el pasado mes de mayo. En una conversación informal en los pasillos del Congreso pero con la presencia de los medios de comunicación, Wert equiparó el tratamiento del catalán durante el franquismo con la situación actual del castellano en Cataluña, aunque después aclaró que no quería compararlo.

Imagen: Comunicación UNED y PP Madrid

Análisis del cese de Wert como Ministro de Educación es un post de BuscarEmpleo.es

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