Todos tenemos una maquinita de hacer punta para los lápices en casa y la entendemos como una herramienta muy habitual, básica e indispensable. Pero los más nostálgicos deben saber que existe una forma artesanal y elaborada de sacarle punta a los lápices, tarea que elabora un afilador de lápices.

El ídolo del sector es, sin duda, David Thomas Rees, un dibujante satírico que no tuvo mucho éxito como artista. Pero sin olvidar su lado más humorístico, Rees decidió, en pleno 2010, cambiar de profesión y montar un negocio de afilado de lápices. En contra de lo que podía pensar, su web Artisanal Pencil Sharpening tuvo un gran éxito y todavía funciona.

El proceso es sencillo, Rees recibe los lápices de sus clientes que, por unos 35 dólares, lo recuperan afilados y con un certificado que garantiza que se trata de una artesanía. El proceso es totalmente manual y el norteamericano cuenta con más de 2.000 clientes de todo el mundo. Además, si los consumidores lo desean, pueden recibir su lápiz grabado también a mano por un coste algo más elevado, 60 dólares. Tan curioso es el caso, que el mismo Rees ha publicado un libro explicando su historia.

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